sábado, abril 23, 2011

Carpe Diem

La tormenta de verano, aún en primavera, comienza sin avisar. En un instante el cielo se vuelve gris, y comienza a descargar gotas gruesas que golpean contra el suelo. De vez en cuando se escucha a lo lejos un trueno, que retumba en el aire cargado de la tarde.

Loki y yo estamos tumbados en el sofá. Mientras yo veo llover, el dormita tumbado sobre mis piernas. Le rasco la cabeza y ronronea mientras pienso que dentro de unos días cumplirá 2 años. Imagino que no es consciente del paso del tiempo. Que para él sólo es real el momento. Cuando duerme, su mundo duerme. Cuando sigue el cordón de mis botas, todo su mundo es el momento posterior al salto, todo se centra en el ruido que hacen los protectores de plástico contra el suelo, en sacar sus garras e intentar cazar ese hilo negro que serpentea sobre el parqué.

No deja nada para luego, simplemente porque ese concepto no existe. ¿Quizás así se viva más intensamente?

No sabe que cumple 2 años dentro de una semana. No existe para él, igual que para nosotros, esa especie de cuenta atrás, de "años que quedan". No hay ayer ni mañana. Y por eso no pierde tiempo planeando el futuro, la comida de mañana, el viaje de dentro de un mes, matrimonios, vacaciones, cancelaciones de hipoteca o entierros.

Suena un trueno y el cielo se vuelve más gris. Parece que la tormenta está justo sobre nuestro edificio, y las gotas de agua disputan una carrera alocada y asimétrica por los cristales de mi ventana.

El ruido hace que levante la cabeza, lo que aprovecho para rascarle detrás de las orejas. Se gira y se queda tumbado sobre su espalda, dejando que le acaricie la tripa y el cuello. Suelta un bufido de satisfacción, y cierra los ojos de nuevo.

Pienso que hoy es viernes de puente, y que quedan dos días más de fiesta. De nuevo el tiempo acotado, delimitado por fechas, días y horas. No puedo dejar de sentir cierta envidia por sus ronroneos despreocupados y tranquilos, desconocedor de relojes y calendarios.

Igual que comenzó, la tormenta parece que se aleja. Sale tímidamente el sol entre los grises jirones de nubes que se van diluyendo poco a poco. Loki salta al suelo y me mira mientras abro la ventana y el olor a tierra mojada se cuela en nuestro piso. Oigo a mis pies su maullido y siento su cuerpo enroscándose en mis tobillos. Volvemos al momento. Toca comer. No importa la lluvia, ni los días de fiesta, ni los 2 años dentro de una semana. Vive el momento, y quizás me empuja a hacer lo mismo. No puedo agradecérselo lo suficiente.

4 comentarios:

Princesa Negra dijo...

Hay seguidores del feng shui que dicen que la cama la deberiamos poner donde duermen nuestras mascotas, que con instinto saben reconocer el mejor lugar,lo cierto, no conocen el stress.

Pegasus dijo...

Jijiji..

Entonces yo lo tendría complicado, porque este se duerme en todas partes.. :-D

Pero si es cierto que no conoce el stress. Creo que no concibe ni que exista algo así.. ;-)

Lucía G. Ramírez dijo...

la caña de españa esta entrada. Me ha gustado un monton =)

Pegasus dijo...

Hola Lucía,

Muchas gracias. Pásate por aquí siempre que quieras. :-)