domingo, septiembre 17, 2006

Parma - Roma - Santander

Las cosas buenas es lo que tienen, que son buenas porque no son eternas. Se acaban justo cuando uno les estaba cogiendo el gusto, acostumbrándose a ellas, se terminan cuando uno estaba peligrosamente cerca de hartarse. Eso ha ocurrido en este viaje. Y eso deja siempre una sensación muy placentera, porque parece como que nos invita a planear otros nuevos y, a la vez, nos deja la impresión de que el tiempo transcurrido entre trenes por coger, ciudades por descubrir, caras nuevas que recordar, ha merecido la pena...

Ayer deje Parma a media tarde, después de pasar la mañana con Alessandra y su novio, recorriendo el centro, y comiendo (pizza, como no) después de hacer algunas compras.

Mi mochila olerá a parmesano durante décadas pero, junto con el juego de cuchillos para queso que me traigo de Parma, seguramente sea lo que más disfrute de todos los recuerdos que he comprado estos dias. :P

Y bueno, así a lo tonto, subí al tren de Parma que me llevó hasta Termini, donde llegué sobre las 21:20. Después de esperar una horita, otro tren (mucho más canijo y bastante más feo), me dejó en Ciampino. Y aquí vino cuando la mataban. Os aviso, por si alguno pensaba ir a esa porquería de aeropuerto, que desde donde te deja el tren hay una tirada curiosa hasta el aeropuerto. Si tienes suerte, y llegas a tiempo, puedes cogerte un bus. ¿Adivinais quien no tuvo suerte anoche? ¡Jo, que listos sois todos! El no tener suerte, traducido, quiere decir 20 euros de taxi.
En fin, que una vez en Ciampino, pues nada, camping urbano. No era mi caso, porque yo era uno de los afortunados poseedores de una silla de plástico, así que solo tenía que estar pendiente de que no me robasen el equipaje. Es otro tipo de atracción. Porque, en el fondo, estas noches en los aeropuertos, no son sino divertidas y amenas jornadas de animaciones socio-culturales. En mi caso, el juego era "vigila la mochila y no te duermas", mientras que los que veis arriba estaban participando en el clásico "duerme en el suelo y no te quedes invalido". Juegos divertidos, a precios populares.

Total, que una vez pasada la noche, y después de facturar una de las dos bolsas (en la foto, la azul), intenté con éxito pasar el control con la otra bolsa (obviamente, la negra, no tenía más) cuyas dimensiones se salían un poquillo de lo que las nuevas medidas que los aeropuertos han establecido para la gente mala que pone bombas y cosas de esas. Por cierto, que con la que está cayendo, igual deberían preocuparse menos de los aviones, y un poquito más de vigilar en Castel Gandolfo, que vaya semanita que llevan...

El caso es que las medidas están ahí, pero los italianos se siguen pareciendo bastante a los españoles, y "pasan" un poquillo del tema, sobre todo un domingo a las 9:30 de la mañana, que deben andar todos recién levantados, y pensando en que la Juve jugaba hoy en Segunda...

Y poco más que contar. Que el avión salió a su hora, más o menos; que llegó también a su hora, que las botellas de vino que llevaba en la mochila (la azul, la grande) no se rompieron, y que bueno, ya estoy en casa, con esa mezcla de "jo, que bien, que ganas de pillar el sofá" y "jo, vaya porquería, que se acabaron las vacaciones, y mañana curro".

Y, por ahora, eso es todo. A ver si mañana hago números, y cierro la crónica del viaje con los datos sobre distancias recorridas, trenes cogidos (eso ya lo se ahora, son 18) y todos esas cifras que dejarán a Willy Fog a la altura del betún.

Nos vemos!

1 comentario:

Lechuza dijo...

Jo, que envidia me das (por Italia no por Ciampino). Estas hecho todo un Javier Reverte.
Por cierto, en Mallorca también había pitufos